domingo, 31 de mayo de 2015

MATAR AL PADRE



Se suceden estos días los análisis sobre la reciente jornada electoral, desde todos los ángulos y posiciones ideológicas, se intenta explicar porque han pasado las cosas que han pasado en las urnas. Me temo que, en la mayoría de los casos, esos análisis se limitan a las causas circunstanciales del momento presente sin tener en cuenta como se ha llegado a este estado de cosas, análisis superficiales que, casi inmediatamente, se dedican a elucubrar sobre posibles pactos post electorales. Pero ¿alguien se pregunta por qué irrumpe con fuerza avasalladora una generación de políticos “aficionados” de aspecto anti sistema? Muchos se echan las manos a la cabeza preguntándose cómo se ha podido llegar a una situación donde las dos alcaldías más importantes de España van a estar, probablemente, en manos de  dos señoras la una ex - okupa y la otra, una “equidistante” entre los asesinos de ETA y sus víctimas.
Lejos de achacar la culpa a las posibles erráticas políticas de PP y PSOE, aliñadas de grandes dosis de corrupción, ya hemos comprobado que esto hace poca mella en el electorado, me gustaría señalar las que considero causas más profundas y lejanas, de las que estos partidos tampoco son ajenos precisamente.
Las generaciones que ahora reaccionan contra el Estado establecido desde la Transición, son precisamente los hijos de ésta y, como monstruos que se rebelan contra el padre, ahora necesitan matarlo para hacer su propia transición precisamente hacia los objetivos que sus “padres” reprimieron, quedándoseles enquistados en su interior, lo que a su vez le inocularon a ellos aquellos intelectuales diletantes, irresponsables y burgueses que se creían revolucionarios, en la revuelta pijo-marxista del 68.
Los orígenes remotos de estos nuevos progres son las ciegas filias que aquellos intelectuales de la primera mitad del siglo XX desarrollaron hacia la Rusia estalinista. Artistas, escritores, cuando no profesores universitarios pagados por la KGB, que crearon en Occidente la idea de la revolución del proletariado, negando la realidad de los gulags, la pobreza y la represión física e intelectual desatada en el “paraíso” soviético. Personajes como Picasso, Rafael Alberti, Pablo Neruda, Louis Aragón, Jean Paul Sartre y un largo etcétera, alimentaron al monstruo mientras gozaban de su acomodado estilo de vida occidental.
Tras la Segunda Guerra Mundial, y una vez establecidos los fascismos como los genios del mal, se alimentaron mitos como la revolución cubana, con el icónico “Che” Guevara, así como otras guerrillas sudamericanas, que si en origen podían tener razón al rebelarse contra represivas dictaduras alimentadas por los Estados Unidos, pronto cayeron en brazos del totalitarismo soviético.
Así las cosas, el ascendente liberalismo capitalista global, vio la ocasión de, manteniendo pequeñas revoluciones controladas pero a la vez alentando la sociedad del consumo irracional y desaforado, crear una ingeniería social donde, por una parte destruyendo toda base moral y por otras aliñándola con un espejismo de escaparate de colorines, (des) formar una sociedad adocenada en un supuesto “estado del bienestar” a la que, poco a poco, se le ha ido despojando de sus derechos laborales y civiles, en favor de la competencia individual, una sociedad artificialmente súper informada pero absolutamente des – educada.
Este proceso es el que se ha operado en España desde el advenimiento del régimen democrático después de 1975. Los mismos que ahora lamentan el ascenso de los nuevos partidos y pretenden asustar con la futura inestabilidad del país, han sido los que han creado una masa de votantes capaces de llevar a parlamentos y ayuntamientos a personajes de tele basura, a ocupas anti sistema, al entorno de las bandas terroristas, etc., etc. En su afán de deteriorar el sistema educativo, alternando según el partido en el poder planes de estudios a cual más corto de miras, siendo benévolos en la apreciación, además de propiciar regímenes autonómicos que han moldeado esa educación a conveniencia de los pequeños partidos separatistas, creando entre todos la más absoluta desafección por España como nación. En realidad lo que han hecho estas generaciones es votar a los que han identificado como sus héroes.
Gran aliado de esa defectuosa educación de las nuevas generaciones son los medios de comunicación en general y, principalmente, las cadenas televisivas. Años de programas, series y concursos donde se ha educado a los niños en esa imagen de laxitud moral, de pereza profesional, una concienzuda y persistente horterización de España en lo estético y en lo ético. Hemos tenido en el salón de nuestras propias casas, delante de nuestros hijos, durante horas, a los que realmente les han formado, los productores y guionistas televisivos.
Por eso, la izquierda radical que llega al poder no es de intelectuales y preparados marxistas concienciados, salvo algunos dirigentes, sino la más influenciada por gentes del espectáculo, esos artistas de izquierdismo aparente y vida regalada que es a la que aspiran la mayoría de estos perro flautas que prefieren ser saltimbanquis que obreros.
Por todo ello, fenómenos como Podemos son netamente urbanos, jamás escucharemos a esta izquierda radical hablar del campo, de reforma agraria, ni de desarrollo industrial, ni de sindicalismo, ni de derechos laborales. Son más bien de vidas subvencionadas, chiringuitos laborales pagados por el estado y rentas y casas a perpetuidad a la que creen tener derecho por meramente existir. ¿Y quién paga la fiesta? Esta es la gran cuestión que jamás responderán, porque ellos son más bien del “que no falte de ná” y el que venga detrás que arree.
El PP y el PSOE son culpables, como lo fue la UCD y como lo son los demás partidos que han jugado a la democracia desde el 77, pero no olvidemos que detrás de esos partidos ha habido personas, españoles, que, por los intereses personales que sean, pagados por un bloque o por otro, por los poderes financieros o por el antiguo bloque soviético, han preferido su enriquecimiento personal antes que el bien común y la justicia social.
Ante esto preguntarse si dentro de este estado de cosas alimentado desde hace décadas se puede cambiar respetando el juego democrático es algo lógico y de descorazonadora respuesta. Porque los posibles partidos que podrían abanderar un movimiento que aunara patriotismo y justicia social están lastrados desde dentro y desde fuera. Desde fuera porque el mismo régimen del 77 se ha encargado de desactivar cualquier iniciativa de este tipo, nombrando a los partidos social – patriotas como neo franquistas, neo nazis, ultraderechistas, neo fascistas y seudo terroristas, de hecho, el estado democrático ha empleado los mismos recursos policiales en desactivar todo lo que huela a antisistema nacional que ha desactivar el terrorismo etarra. Pero desde dentro tampoco se ha hecho mucho por la labor. El falangismo histórico representado por FEJONS arrastra el estigma de ser la visualización de símbolos y maneras de los fascistas represores del franquismo, así las cosas, tras la progresiva muerte de los viejos dirigentes, los nuevos han abierto pocas vías a la renovación, convencidos de salvaguardar la verdad del movimiento y establecidos en una zona de confort que ha propiciado el abandono de sus filas de multitud de seguidores, no obstante, el tener los mejores resultados de su “ambiente” les hace perseverar en su estado, cuando esos resultados, en cualquier caso, son irrelevantes en el panorama político español, siendo pocos más que los guardianes de un museo. Otros grupos, con mejores resultados electorales, PxC, E2000, mantienen un confuso programa político donde a veces aflora una xenofobia que le acarrea una pésima imagen.
Mientras tanto, los anhelantes de un movimiento que tome impulso en este espectro político, se debaten en estériles porfías cíclicas y que siempre acaban torpedeadas por los mismos participantes que se pierden en banales discusiones de banderas, de logos, de siglas, cuando el verdadero problema es que nunca se podrán poner de acuerdo quienes disienten en la base fundamental: la concepción misma de la nación y el programa político.
Muchos esperan el advenimiento del líder carismático que aúne voluntades, y este es otro de los problemas, la mitomanía de un sector lastrado por el peso de unas figuras del pasado cuyos escritos políticos, incompletos y juveniles, sin desarrollar y referenciados en una España y una época distinta, se toman como las suras de un Corán inamovible y no revisable. Con respecto a ello, son muchos más los libros que se dedican a las anécdotas vitales de tales personajes que al análisis y actualización de sus bases ideológicas.
JC

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