Catamos los vinos de Dominio de Calogía (Ribera del Duero)

José Manuel Pérez Ovejas lleva en su ADN el vino de Ribera del Duero, treinta años en la bodega familiar, Pérez Pascuas, con su magnífico Viña Pedrosa, así lo avala. Junto a su mujer, Silvia Ortega, crea en 2019 Dominio de Calogía. Bodega encuadrada en una de las zonas más valoradas de la denominación castellano leonesa, en torno a los municipios de Roa y Pedrosa de Duero, comarca de gran contraste térmico entra la noche y el día, en un clima continental seco, a unos 840 metros de altitud, que marcan las características de unas uvas Tinta Fina plenamente ribereñas. Son 21 hectáreas de viñedos propios, ya de cierta edad y que desde la añada 2024 serán plenamente ecológicos. Con tiradas pequeñas, unas 50.000 botellas entre sus tres etiquetas comercializadas.

La cita fue en la sala de catas de la vinoteca Nirio Delatierra, cuya labor de difusión no me canso de ponderar, por lo de formación de la mano directa de las bodegas que proporciona a los profesionales sevillanos del sector. El conductor de la cata ha sido, Jorge Monge, enólogo y director técnico de la bodega. Comenzó Jorge explicándonos los métodos de elaboración, tanto en la viña como en la bodega, de Dominio de Calogía. Cepas en vaso sobre suelos arcillosos calcáreos a los que se realiza un deshojado y un aclareo muy severo, hasta un 30% de la uva se tira al suelo, para una mayor concentración del resto de racimos. Se realiza una doble selección de los mismos, una en el viñedo y otra en la mesa de selección de entrada a la bodega. Se fijan en el sistema de los “súper toscanos”, vinos italianos admirados por el propietario. Solo se emplean barricas bordelesas (225 litros) de roble procedente del interior del bosque de Allier que se renuevan a los tres años. 

Catamos cinco vinos, con dos añadas de un par de ellos:

En primer lugar el vino más asequible de la bodega, Doble M 2021. Marca que hace honor a los dos hijos del matrimonio, Mauro y Manuela. Viñedos de orientación norte, más frescos. En copa bonita capa rubí de bordes rojizos. En nariz fruta roja con un puntito cremoso y notas especiadas al fondo. 15.000 botellas de un vino que recibe una crianza en barrica de 15 meses. Un tanino vivo, un rasgo que tienen todos los vinos de la bodega y que nos hablan de su potencial proyección de futuro. Fresco y frutal en boca con un fondo cremoso y muy vivo. La maloláctica se realiza en los tanques de acero para no llegar a las notas de yogur de frutas del bosque típicas de los vinos que las hacen en madera. La añada 2021 para Jorge Monge, es la más equilibrada de Ribera del Duero de las últimas décadas, con permiso de la 2019.

Probamos después el Dominio de Calogía 2021 y el 2022. La etiqueta más representativa de la bodega. Unas 33.000 botellas por añada, de uvas que proceden de la parcela que rodea la pequeña bodega y que proceden de plantación en 1995. El 2021 se ha criado 12 meses en roble. Se ha buscado la tipicidad de los vinos ribereños antes de la influencia de la “parkerización” (influencia del perfil de vinos preferido por el crítico norteamericano, Robert Parker Jr. a finales de los 90 y primeros años del siglo XXI). Fruta roja, notas herbáceas (romero y algo de tomillo) y florales (violetas). Largo en el paladar y de elegante retrogusto. El 2022 tuvo un ambiente más cálido, por ello no se deshojó en el viñedo, para que los pámpanos dieran sombra a los racimos. El vino recibió maduración de 15 meses de barrica. Fruta roja y negra algo más golosa, también con herbáceos de monte bajo y violetas. Más envolvente en boca.

El top de gama de la bodega es el Dominio de Calogía Cuvée S, de los que probamos el 2021 y el 

2020. Cuvée se toma aquí en el sentido de selección de las mejores barricas del vino. Tirada limitada de 3.000 botellas de un vino elaborado con Tinta Fina de la parcela El Jopo. Tan solo entre 1,2 y 1,4 Kilogramos por cepa, granos con hollejo muy grueso, así que para pulir su intenso tanino recibe una crianza de 24 meses en barrica para domarlos. Sin abandonar su carga frutal es un vino, hablo del 2021, con mucha carga de terruño (notas de trufa). Fruta roja de perfecta madurez y lo justo de cremosidad. El 2020 en la misma línea, quizás con una fruta algo más golosa, con notas balsámicas y taninos vivos. 2.800 botellas de un vino criado 24/26 meses y con una proyección imponente en los próximos 20 años.

Vinos de calidad, en suma, que sin duda tendrán mucho predicamento entre los aficionados del sector cuando la marca vaya siendo más conocida, aunque su distribución por cupos, dada la pequeña tirada de cada añada, hará que sea un vino en cierto rango de precios y no fáciles de conseguir.

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