“José Antonio salvó la vida del socialista, Indalecio Prieto”
El verbo ágil y la pericia narrativa se suma en Petón a su conocimiento enciclopédico del periodo más convulso de la España contemporánea, la Segunda República, la Guerra Civil y la más inmediata posguerra, con todas sus luces y sus sombras. Un periodo aciago para el pueblo español, en un país sumido en la violencia fratricida mucho antes del 18 de Julio de 1936. Datos, basados en una extensa bibliografía, testimonios directos de protagonistas de la Historia o de los que estuvieron más cerca de ellos y, en el caso del ‘Diario’, el testimonio de José Antonio de su propio puño y letra.
Petón nos habló de un José Antonio más humano que el
estereotipo asexuado y casi santo en las nubes, que trabajó el régimen de
Franco, a quien se asoció el personaje hasta más allá de la muerte de ambos,
pues fueron vecinos de tumbas en el Valle de los Caídos. Como bien
apuntó algún asistente y Petón intentó profundizar, no solo José Antonio no
estaba de acuerdo en la organización del golpe de estado de ciertos militares “conspiradores”,
pues no quería que se usara a la Falange y a sus jóvenes militantes, como carne
de cañón, “fuerza cipaya al servicio de la derecha de siempre”, en palabras del
mismo Primo de Rivera, sino que se puso de relieve la diversidad de puntos de
vista de los generales implicados, incluso las sospechas sobre la muerte en
accidente de aviación del general Mola.
Falange Española, puntualizó Petón, no tuvo más
remedio que alinearse en el bando nacional porque, entre otras cosas, los del otro
lado los estaban matando, en referencia a los jóvenes asesinados en las calles
por pistoleros de izquierdas, que desataron una verdadera cacería asesina desde
antes del estallido de la Guerra.



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