Mateo Miró, estudio y galería.
Una de las alegrías del paseante de la ciudad es descubrir,
deambulando por sus calles y rincones cambiantes, un sitio bello que antes no
había visto. La calle mil veces andada, que perdió quizás un bonito negocio en
un local singular, dejando paso a un triste vacío que siempre esperamos que sea
temporal, con la incertidumbre de qué y quién ocupará ese lugar, te puede
sorprender gratamente con el nacimiento de un nuevo espacio que nos dé un chute
de optimismo, de color en nuestra mirada, de gente amable, sensible, artística,
que ponga una nota de delicada elegancia y sofisticación en el a veces gris
panorama cultural de nuestra ciudad.
Todo eso ha sido para mí descubrir en una de mis aceras
favoritas, la de la calle Alfonso X El Sabio (antes Burro) el estudio galería
de un joven pintor, Mateo Miró. Lo
pillé con las manos en la masa, mejor decir con los pinceles, retocando un
cuadro en amarillos. Charlamos brevemente, lo justo para conectarnos a través
de redes sociales y dejar en el aire una cita más calmada, probablemente la
inauguración de una futura exposición. Porque su obra, un abstracto colorista,
sereno, de cromatismos armoniosamente engarzados, me ha causado una muy grata
impresión. Sevillano del fin de siglo, 1999, su madre quizás le ha
aportado también la sensible vena cultural y artística de su París natal.
Precisamente en la capital francesa inició sus estudios de Comunicación y
Publicidad, para después orientarse hacia las Bellas Artes en nuestra ciudad y
la de su padre, Sevilla. Ha trabajado en diversos soportes y materiales, pero
lo que he visto hoy en las paredes de su estudio, han sido pinturas luminosas,
de una gran sensibilidad cromática, evocadoras de paisajes que se diluyen para
llegar a la misma esencia de la pintura, despojada de corsés materiales para
adentrarse en el mundo de la reflexión calmada, de la interiorización
individual de quien mira la obra. Espero volver pronto.



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