Chartreuse, el licor de los cartujos
El Club Aníbal,
un coqueto espacio en el interior del restaurante
El Pintón del centro sevillano, acogió, perfectamente organizada, una interesantísima cata de la mano de Yannick Rochez, representante de la
marca monacal, que nos ilustró sobre la milenaria historia de los cartujos y la
creación y elaboración del licor que es un objeto de culto dentro de la
coctelería actual e incluso en la moderna gastronomía, como los ensayos con
postres realizados por los hermanos Torres en su restaurante de Barcelona.
Chartreuse sale al mercado en dos famosas versiones, el amarillo, algo más dulce y especiado, supone actualmente un 30% de las ventas; y el verde, más seco, con más graduación alcohólica y más notas herbáceas. Ambos elaborados desde 1840. Se comercializa también una botellita de Elixir Vegetal, podríamos decir que el alma de Chartreuse, con un 69% de alcohol y tradicionales aplicaciones medicinales, de hecho el primer Chartreuse “bebible”, se creó en 1764 como remedio medicinal. Además existen algunas versiones conmemorativas y especiales tanto del verde, como del amarillo y coupage de ambos.
Por mencionar unas notas de cata, digamos que el Chartreuse amarillo es espeso, un punto
azucarado, herbal y con un final especiado. El Chartreuse verde es espeso, potente y más seco, más herbal en nariz
y un fondo anisado en la boca. Final herbáceo muy agradable. Ambos reposan en
enormes fudres de madera un tiempo medio de entre dos o tres años tras la
destilación.
La veneración de los nuevos bartenders y la actual coctelería por Chartreuse, han hecho que
tomen relevancia dentro de la mixología contemporánea, algunos cocteles creados
hace años como por ejemplo el Last Word, creado en el Detroit Athletic Club de la ciudad
norteamericana en 1915. Personajes famosos como el director de cine, Quetin Tarantino, son rendidos amantes
del licor de los cartujos.
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