Chartreuse, el licor de los cartujos

Oración, silencio y una fórmula secreta que desaparecerá cuando lo haga el último de los cartujos. Solo veintiséis monjes son los encargados de preparar los hasta 130 botánicos que emplearán los maestros destiladores, solo tres, que harán la magia de la destilación y elaboración de este elixir que cuenta con más de 400 años que, desde la abadía madre de Chartreuse, alivia el alma y el estómago de los mortales. 

El Club Aníbal, un coqueto espacio en el interior del restaurante El Pintón del centro sevillano, acogió, perfectamente organizada, una  interesantísima cata de la mano de Yannick Rochez, representante de la marca monacal, que nos ilustró sobre la milenaria historia de los cartujos y la creación y elaboración del licor que es un objeto de culto dentro de la coctelería actual e incluso en la moderna gastronomía, como los ensayos con postres realizados por los hermanos Torres en su restaurante de Barcelona.

Los cartujos han tenido desde hace siglos una gran vinculación con España, importantes y bellas las antiguas cartujas de Sevilla y Jerez de la Frontera, por referirnos a Andalucía, recordamos con unción los bellos cuadros de Zurbarán dedicados a la orden. Importantísima también la vieja cartuja del Priorato, da nombre de hecho a aquella maravillosa comarca española de Tarragona, donde durante varios años se elaboró también Chartreuse.  

Chartreuse sale al mercado en dos famosas versiones, el amarillo, algo más dulce y especiado, supone actualmente un 30% de las ventas; y el verde, más seco, con más graduación alcohólica y más notas herbáceas. Ambos elaborados desde 1840. Se comercializa también una botellita de Elixir Vegetal, podríamos decir que el alma de Chartreuse, con un 69% de alcohol y tradicionales aplicaciones medicinales, de hecho el primer Chartreuse “bebible”, se creó en 1764 como remedio medicinal. Además existen algunas versiones conmemorativas y especiales tanto del verde, como del amarillo y coupage de ambos. 

Por mencionar unas notas de cata, digamos que el Chartreuse amarillo es espeso, un punto azucarado, herbal y con un final especiado. El Chartreuse verde es espeso, potente y más seco, más herbal en nariz y un fondo anisado en la boca. Final herbáceo muy agradable. Ambos reposan en enormes fudres de madera un tiempo medio de entre dos o tres años tras la destilación.

La veneración de los nuevos bartenders y la actual coctelería por Chartreuse, han hecho que tomen relevancia dentro de la mixología contemporánea, algunos cocteles creados hace años como por ejemplo el Last Word, creado en el Detroit Athletic Club de la ciudad norteamericana en 1915. Personajes famosos como el director de cine, Quetin Tarantino, son rendidos amantes del licor de los cartujos.

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