El Tenorio sigue vivo. Letras en Sevilla en Fundación Cajasol
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Jesús Vigorra, Espido Freire, Carmen Posadas y Pérez Reverte |
La mañana se dividió en dos partes. En primera instancia, y
junto con los anteriormente citados, dos escritoras, Carmen Posadas y Espido
Freire. Tras ese debate a cuatro en torno al Tenorio de Zorilla y, en general, al “donjuanismo”, se enfrentó
solo al escenario Luis Alberto de Cuenca,
que nos hizo un fantástico recorrido por los tenorios que en la historia han
sido.
Inevitablemente hizo acto de presencia eso que ahora se llama “presentismo histórico”, o sea, juzgar hechos y personajes del pasado, incluso aunque sean ficticios, con los ojos de los criterios políticamente correctos de la actualidad. En ello incurrió Espido Freire y parte del público que pudo intervenir con sus preguntas, tanto presencialmente como a través de las redes.
Desde luego Freire dejó claro que el personaje de Zorilla, y
los donjuanes en general, no le son en absoluto simpáticos, pero sus argumentos
quisieron ir incluso más allá de lo que Zorrilla escribió en su obra,
planteando cosas cómo el sembrar dudas de lo que Don Juan pudo hacer
en Roma y planteando su probable condición de violador, aunque eso
Zorrilla no lo cuenta en su obra, su Tenorio es un personaje de ficción
que, por lo tanto, solo vive lo que el autor refleja en el texto.
Carmen Posadas señaló como el personaje cambia, adaptándose a las épocas de cada obra en las
que es protagonista, así, en el caso del de Zorrilla, inmersos ya en pleno Romanticismo del siglo XIX, Don Juan se
salva al final, a diferencia de la obra de otros autores, gracias a la
intersección de Doña Inés, el Amor salvador.
Arturo Pérez Reverte puso de relieve, Posadas había citado
la anécdota de cuando le tiro los tejos un ya mayor Luis Miguel Dominguín, que para un donjuán es imprescindible un
coro de amigos que escuchen y jaleen sus hazañas, las conquistas de un donjuán
no tienen sentido sin la publicidad posterior de sus logros amatorios,
verdadero fin, según el escritor, de su afán de sumar mujeres a su cuenta.
Jesús Vigorra planteó la pregunta de si todos los españoles
llevamos un Don Juan dentro, teoría planteada por Ortega y Gasset, Posadas le contestó que había conocido a muchos
que aspiraban a ello. La escritora de origen uruguayo, lanzó una cuestión
interesante, las diferencias entre Don
Juan y el italiano Casanova,
señalando que el primero solo quiere “sumar muescas a su revolver” y el segundo
es un gozador, un libertino que sí tiene en cuenta el goce de las mujeres
también. “Casanova en realidad se enamora de cada mujer que conquista, aunque
sea durante cinco minutos”.
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Luis Alberto de Cuenca |
Importante matiz para la historia de la literatura, tras
situar el origen del mito donjuanesco en la tradición oral española, desde el
Romancero, comentó que “El Burlador de Sevilla y convidado de piedra”, de la
primera mitad del siglo XVII, atribuida tradicionalmente a Tirso de Molina, es en realidad autoría del escritor murciano, Andrés de Claramonte.
Para De Cuenca, el Tenorio español, subraya este rasgo
nacional, es un narcisista que no llega a cruzar la línea de la psicopatía.
Insiste en que para un donjuán es fundamental el auditorio, para alardear de
sus hechos. Terminando con que, para él, Sevilla es una ciudad donjuanesca, el
escenario donde ocurre todo.
Por la tarde, se escenificaron tres pasajes de la obra de
Zorrilla, siendo las elegidas, el comienzo de la obra, en la Hostería del Laurel,
la famosa escena del sofá y el final en el mausoleo donde reposan las víctimas
del protagonista.
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