Elogio del guarda jurado
Tras una noche de dolor de muela, amanece un domingo gris y con un vientecillo frío y desagradable. Para colmo una de las primeras noticias que me saltan en redes es la intención del Ayuntamiento de Sevilla de vallar la plaza de España y cobrar entrada por visitarla. Mal coctel para el peor día de la semana. Pensando en ello me acuerdo de los guardas jurados de parques y jardines. Figura de autoridad que se veía como un actor secundario del entramado represor franquista pero, al fin y al cabo, una figura más del talante autoritario del Régimen. De hecho, aún en vida del General Franco, ya servía de mofa la profesión en el cine, sobre todo en esas comedias de los años predemocráticos centradas en paisajes urbanos madrileños usualmente, donde el personaje, un gallego Xan Das Bolas o un maño como Antonio Garisa, representaban la parodia del que, según el guionista de turno, se dedicaba a llamar la atención a las parejas que hacían manitas en un banco o a que los niños no pisaran el césp...