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El piano del diablo

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El piano ardiendo. Gran bola de fuego. Una mano blanca y otra negra. Dedos en fuga, la mano es más rápida que la vista, un cluster sobre las teclas. Ha muerto Jerry Lee Lewis y desde entonces la fiesta no para en el Más Allá, ha puesto a los ángeles a bailar. Tú sacudes mis nervios y agitas mi cerebro. El niño de la mata de pelo rubio se iba al gueto cuando papá estaba en sus negocios de tráfico. Blous, Soul, Boogie Woogie,   Rhythm and Blues, Country… agítese todo en coctelera de Rock & Roll y sírvase en tarro de cristal vacío de salsa picante de Louisiana. Llevas el nombre del General, la bandera de las trece estrellas sobre la cruz de San Andrés, “el emblema impoluto”. Pero el verdadero “The Killer” eras tú, agitándote sobre la banqueta del piano, fuego en la cabellera, dedos voladores sobre las blancas y negras, las teclas. Eras el último de los 50. Los pioneros. Humo, alcohol, caderas… y música electrizante. Chuck Berry, Little Richard, Buddy Holly, Bill Haley, F...

Silvio en Costa Delicias

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Así creo que se llamaba, finales de los ochenta o principios de los noventa del pasado siglo, la serie de chiringuitos que se montaron en el Muelle de las Delicias, ribera del Guadalquivir. Dos cosas me han quedado muy nítidas de aquellas tantas noches de farra por aquellos antros: Una la tertulia, es un decir, que mi amigo Tito y yo, tuvimos con Silvio. Otra la minifalda color melocotón que eran como un acento circunflejo sobre las largas y preciosas piernas de Reyes. Lo de Reyes no lo voy a contar aquí. Lo de Silvio tampoco tiene mucho que contar, si no es nada menos que el haber echado unas copas y unos cigarrillos con el mítico roquero sevillano. Hablar hablamos poca cosa, creo yo. El hombre, pitillo siempre entre los dedos, le daba al coñac, nosotros, una vez superada nuestra época de Larios/Rives con cola, creo que ya nos habíamos pasado al ron. Noches de primavera verano, no la recuerdo cálida, bueno, supongo que tampoco acabamos para recordar muchas cosas. Tuvimos un segund...