Impresiones gastronómicas desde Almería
Espetos El cronista gastronómico no puede abstraerse de comentar, aunque sea a vuela pluma y, lógicamente, desde un punto de vista subjetivo y parcial, sus experiencias en bares y restaurantes, a pesar de que sea en un viaje donde la consigna era desconectar, descansar y dejar el teléfono y las redes sociales a un lado. Pero como el viajero vocacional, tal empeño resulta vano porque hay algo que le pide ponerse ante el teclado y dejar, negro sobre blanco, sus impresiones. Hablo en tercera persona pero obviamente en este caso, me estoy refiriendo a mí mismo. Y es que uno tiene ganas de contarlo por varias razones, además de la apuntada de la vocación que te pide escribir cada día. Por una parte el descubrir cosas atractivas y, por otra y junto a ella indisolublemente juntas, el pensar en al menos unos cuantos de seguidores que leen los comentarios con gusto e incluso, alguien quedará, que los sigue esperando que se le cuente algo interesante y digno de probar. Compartir es disfru...