Relatos italianos. Crónica 1: Bolonia la roja (1ª parte)
Vaya por delante, al comenzar esta serie de crónica de viajes de este verano por el norte de Italia, o casi norte, que no soy en absoluto partidario de viajar a casi ningún destino en verano y menos en agosto. Visitar ciudades bellas, llenas de turistas, de los que nos convertimos en uno más sin remedio, y con el calor que, no nos engañemos, en esta época del año hace en todas partes, es un tanto penoso. Añade a todo eso el coñazo de viajar en las ahora habituales líneas aéreas de bajo coste (viajes para tiesos, les llamo) Yo, que odio hacer cola, que me voy de la pescadería si hay más de cuatro o cinco personas por delante, transijo en lo que no me gusta cediendo a circunstancias mayores. Luego, por supuesto ¿quién en su sano juicio estético renunciaría a la posibilidad de recorrer algunas de las ciudades más bellas de Italia, o sea, del mundo, aunque sea en agosto? Pues ahí estaba yo, convertido en eso que tanto critico de mi ciudad (y no citemos ahora lo de la paja en el ojo ajeno...