Exposición del cantante, Manolo García en Fundación Cajasol
“Hurgando en los etéreos sustratos y meandros del jardín interior, hierbas trepadoras, cactus envolventes, plantas carnívoras plasmando del modo menos artificial y más analógico”, en palabras del mismo artista. Meandros del jardín interior, esos recovecos de la mente, del alma si se quiere, que evocan, en el caso de García, sus incertidumbres existenciales.
Plasmado en los lienzos, nos expone con un lenguaje plástico que camina a través de la inspiración de varias vanguardias, desde el simbolismo, pasando por los ensueños surrealistas dalinianos, al mundo tan personal y onírico de un Marc Chagall. A veces, el colorido, no pocas veces combinado cromáticamente con los marcos, chirría ante los ojos, equilibrado y vivaz en cuadros como el que nos recibe en la entrada de la sala de exposición o con tonos más homogéneos en otras creaciones.
El hombre, el ser humano, es la línea eje de los motivos que nos muestra el artista, en ocasiones como máscaras de un carnaval, a veces como meras sombras y otras como meras cabezas que emergen, todo ello en un mundo soñado donde se funden arquitecturas y naturalezas. Incluso, en ocasiones, seres mitológicos, con cuerpo de animal y cabeza de hombre enmascarado.No pocas veces el toro, animal mitológico y simbólico en la tradición de la historia cultural de la civilización mediterránea, aparece en las composiciones de los cuadros de Manolo García.
Todo ello en mares, lagos de fondo, arquitecturas que sirven como de escenario teatral a eso que, de nuevo acudiendo a las palabras del mismo artista: “Lenguaje artístico que la humanidad necesita, para darle sentido a los días. Sabiendo que jamás averiguaremos ni por qué, ni para qué estamos aquí”, de acuerdo o no con estás últimas afirmaciones, el ser pensante y preocupado de su yo, de nuestro yo, más trascendente, no dejará nunca de plantearse estas cuestiones que algunos, como Manolo García, necesitan exponer en público.




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