Presentación de los vinos onubenses de Bodegas Contreras Ruíz

No hay para un comunicador del vino mejor manera de comenzar una semana. El escenario, la azotea del hotel Doña María, piscina de aguas turquesas, sombra con agradable brisa de mayo y la catedral y la Giralda al alcance de la mano casi. En la mesa unos compañeros y amigos, charla distendida y amable. Y de la mano de Delatierra, los vinos que vienen directamente del entorno del Parque de Doñana, Rociana del Condado, Huelva: Bodegas Contreras Ruíz.

Ocho vinos, entre ellos dos primicias, de la mano del enólogo y miembro de la familia propietaria, José Contreras. Joven, innovador, con formación en Cataluña, entre otras bodegas nada menos que en Gramona, una de las mejores bodegas de espumosos de España. Vinos que juegan con dos bazas, las uvas autóctonas del Condado de Huelva, como las blancas Zalema y Listán, y la aventura de uvas foráneas para indagar resultados, como las tintas Garnacha tintorera y la Tintilla de Rota. Todo ello en un entorno de suelos salinos y minerales de tierras que hace cuatro millones de años estaban bajo las aguas del océano Atlántico. 

Citamos a Gramona y comenzamos la cata de vinos de Contreras Ruíz precisamente con un espumoso. Uva Zalema para el Lumé, fresco, frutal y floral. Con cierta untuosidad dulzona. 24 meses de crianza en botella para este agradable espumoso de color amarillo dorado. Muy digno. Después los blancos. Comenzando por dos de las cuatro etiquetas, dos blancos y dos tintos, que componen el proyecto ‘El sueño del niño’.

El Sueño del niño 2025 Zalema de Finca Los Carrascales, de cultivo ecológico. Filosofía de la bodega, buscar la autenticidad del varietal, respetar el terruño. Suelo calizo. Fermentación del 20% del mosto en barrica de 400 litros de roble francés y el resto en hormigón para darle “tensión”, resaltando la mineralidad. Notas de pera y herbáceos, Fácil y agradable trago.

Mucho más aromático de entrada El Sueño del niño 2025 Moscatel de Alejandría. Una vendimia temprana para darle mayor frescor a un varietal que tiende a la dulcedumbre. Afloran las notas de naranja dulce, pero con buen equilibrio en boca, con acidez y esa nota final a mandarina madura.

Dos blancos más. En primer lugar, Los Helechales 2025. Un 100% Chardonnay que no acaba de convencerme. Intentar adaptar uvas que en otros territorios dan vinos excelsos es una apuesta arriesgada y, probablemente, innecesaria. Algo turbio de color. Cierto amargor conjugado con una cremosidad que proviene de su crianza con lías. Unas notas de melocotón con frescura alivian el trago.

Después Líbero 2024. Esto sí. Blanco bajo velo flor de crianza estática. Similar a eso que en Cádiz están llamando “vino de pasto”. Listán que se presta a la crianza biológica y Zalema que es más idónea para la oxidativa, según nos cuenta el enólogo de la bodega. En boca tiene personalidad, es muy seco, pero no exento de frescura. Un tributo a la tradición de los vinos del Condado. 

Volvemos al proyecto El Sueño del niño con dos tintos. Viñedos jóvenes, en ningún caso llegan a los diez años, para dos experimentos más o menos afortunados. El Garnacha tinta 2024 procedente de la finca Barredero, de suelos de base caliza y arenosos, es la primera añada de este vino que sale al mercado. Su corta maceración de hollejos, no llega a 10 días, le dan un tono rubí muy transparente. Se cría 10 meses en barricas de roble francés de 400 litros, pero la madera no se nota, solo subraya un vino que es ligero y fácil en la boca.

El otro tinto es un Tintilla de Rota 2024. Viñedos de unos nueve años que necesitan mayor vejez para dar una uva más concentrada y madura. Muy bonito color granate. Fruta fresca en nariz y notas de campo. Boca un tanto untuosa y una astringencia evidente, mucho tanino quizás propiciado por esa fermentación (50% del mosto) en ánforas de barro, la otra mitad en barricas de roble francés de 400 litros, donde permanece hasta un año. Mucho camino por andar aún.

Para finalizar una genial originalidad dentro de la tradición de vinos de Huelva. Kala vino naranja 2025. Zalema encabezada con alcohol vínico donde han macerado cascaras de naranja al menos durante cinco meses, y aquí viene el toque diferente, amargas. Anaranjado brillante, denso en la copa, con volumen. Notas de naranja licorosa y dulce en nariz, te viene a la cabeza el Cointreau, la Navidad. En boca es untuoso, con un equilibrio entre el alcohol (17%) y la frescura. En el postgusto chocolate relleno de confitura de naranja amarga. Ha permanecido tres años en barricas bordelesas (225 litros) de roble francés muy usadas para que la madera no se erija en protagonista.

Bodegas Contreras Ruíz nos ha demostrado con esta cata de sus vinos, que supone una renovación de calidad y una apuesta innovadora a la vez que respetando la tradición en el Condado de Huelva.

 

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