Antoni Gaudí y Aníbal González, paradojas inquietantes
Anoche la oficina de Turismo de la Generalidad de Cataluña organizó una presentación en la Casa Guardiola de la sevillana Puerta de Jerez, donde Gaudí fue uno de los protagonistas, junto al músico Pau Casals, del cual se cumplirá también, a finales de este año, el 150 aniversario de su nacimiento (1876-1973). Cultura, tierra y paisaje y oferta eno-gastronómica, fue lo que se puso sobre el escenario para vender la imagen de Cataluña como destino turístico. No me hace falta que nadie me convenza de la belleza de aquella región española, ni de la bondad de sus vinos y cocina, aunque si es verdad que el lema empleado por la Generalidad es un tanto pretencioso: “La mejor cocina del mundo”, no pecan de modestia precisamente. Para avalar el aserto culinario, se sirvió un cóctel donde el cocinero catalán, Oriol Rovira, nos presentó pequeños bocados interpretando recetas muy de su tierra, con bastante acierto la mayoría. Para acompañar, una pequeña y variada representación de vinos de la tierra, donde, nos contaba la sumiller, Clara Antúnez, se podían apreciar los elaborados con las uvas características de las diversas zonas vinícolas de la región.
Curiosamente la noche de la presentación en Sevilla, ha
coincidido con la visita a España del Papa León XIV y, precisamente el 9
de Junio, con su pase por Barcelona donde ha bendecido la culminación de la torre
de Jesús de la Sagrada Familia, obra cumbre de Gaudí y torre que se
convierte en la más alta de una iglesia cristiana en el mundo. Mientras la obra
más emblemática del arquitecto catalán es bendecida por el Papa y se culmina
con la Cruz triunfante, la obra más emblemática de Aníbal González, artífice del
cambio urbanístico de la Sevilla de 1929, la Plaza de España, se ve a su
vez “coronada” por unos andamios gigantescos, para soportar la potencia del
despliegue sonoro y luminotécnico de un ciclo de conciertos que, a toda
pastilla, atronan los ladrillos y cerámicas del monumental recinto. Además de
las gradas, los chiringuitos para beber y comer y la mierda que deja el rastro humano
por el ya de por sí, descuidado Parque de María Luisa. Mientras tanto,
las construcciones de la otra Exposición internacional importante de la
historia de la ciudad, la de 1992, duermen el sueño de los justos entre mugre y
jaramagos, auditorio incluido.


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