Ensuciar La Odisea de Homero

La Odisea es uno de los pilares literarios que sustentan la cultura de Europa. Un poema épico que pone las bases de nuestra tradición cultural occidental, a través de la Grecia clásica, después de Roma y después de los pueblos europeos cristianizados. Podría haber titulado este artículo Enmarronar La Odisea de Homero, pero quizás se hubiese tomado como una ironía racista. Como probablemente se tildaría de racismo si dijera que cuando se escribió esta obra fundamental de nuestra civilización, cuando después floreció la filosofía, la literatura, la dramaturgia, el arte y la democracia ateniense, los antepasados africanos de Lupita Nyong’o se dedicaban a intentar cazar monos en taparrabos para llevar algo de comer a la tribu, bueno y casi siguen muchos así. ¿Qué quién es la tal Lupita? Pues ni más ni menos que la actriz que interpreta a Helena de Troya, nada menos, en la nueva película del plúmbeo director Christopher Nolan, “basada en La Odisea de Homero”. Película que aún no se ha estrenado, ni falta que me hace, porque no pienso ver semejante engendro. La cosa no pasaría de ser un episodio más de la absurda e irracional cultura woke del mundo del espectáculo, si no fuera que la señora Nyong’o alardea de su tremenda incultura y de unos discursos que bordean la subnormalidad, incluso corrigiéndole la plana a Homero como si éste fuese un guionista currito apesebrado de Netflix. Una imbécil que va más allá de la generalizada memes muy de muchos ciudadanos de Estados Unidos, como podemos apreciar en el propio actual presidente del país. 

He visto de Christopher Nolan algunas películas, pero destacaría, al margen de sus incursiones en el mundo Batman o en cosas espaciales, sus considerables ladrillazos, las muy sobrevaloradas Dunkerque (2017) y Oppenheimer (2023), larguísimas películas tremendamente aburridas. En especial me parece mala la primera, un desperdicio, contando con tantos medios y una historia tan potente. Ahora el buen señor ha querido hacer una obra cinematográfica partiendo del texto épico de Homero, la historia, tras la guerra de Troya, del regreso a Ítaca, su reino griego, del héroe Ulises u Odiseo. Guerra de Troya que míticamente se originó por el rapto o huida, de Helena de Troya o Helena de Esparta, de cuyo rey, Menelao, fue esposa, por parte del príncipe troyano, Paris. Helena era mítica hija de Zeus, dios supremo del Olimpo, y considerada la mujer más bella del mundo.

Pero ojo que ahí no queda la cosa. Aquiles, el colosal y legendario guerrero griego, que por cierto interpretó Brad Pitt en la película Troya de 2004 (Wolfgang Petersen) será interpretado por una mujer transgénero, Ellen Page, que ahora se hace llamar Elliot Page y que mide 1,55 metros. O Nolan se quiere suicidar como director, o se ha vuelto loco y nos quiere tomar el pelo. Lástima que un actor tan admirado como Matt Damon, entre otros, se preste a participar en tal payasada.


Habría que preguntarle a Nolan, productor, guionista y director de la película, cuál ha sido el criterio para elegir a una actriz negra para el papel de uno de los personajes más significativos de la cultura occidental europea y, ya de paso, que nos informara si piensa hacer alguna película biográfica sobre las vidas de Martin Lhuter King o Malcom X con actores protagonistas blancos encarnado a estos referentes negros norteamericanos.

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