Manolo Cuervo, pop mortem
Manolo Cuervo nació en Isla Cristina, que es un gran sitio
para que nazca un sevillano. De allí vienen cosas tan grandes como las gambas y
los chocos, o te vas a Casa Rufino donde te ponen gloria bendita en los platos
y en las copas. Qué grande es Huelva, y no lo digo por tamaño. Las últimas
veces que vi a Manolo fueron en inauguraciones de esa cajita de lujos que es la
galería de Inma Puchal, Espacio EXZENTRICO. Manolo me caía bien por buen
pintor, no tiene que ir una cosa con la otra, y por hombre callado, no un
malgastador de palabras, sino, como buen silencioso y oidor, con la palabra
adecuada en el momento preciso. Más bien hablaba con sus cuadros, que eran
alegría, color, mensajes y un compendio de lo que ha sido la pintura desde los
sesenta a nuestros días. Hace algo más de un año, en esta misma ventana abierta
al público, publiqué un artículo sobre Cuervo y su arte con motivo de la gran
exposición que organizó el Ayuntamiento de Tomares, fue en Febrero de
2025, les dejo el enlace por si quieren leerlo: https://nuevaclaridad.blogspot.com/2025/02/exposicion-de-obras-del-pintor-manolo.html
| Manolo Cuervo, Pedro Simón y Javier Compás |
Se han ido, alguno he nombrado antes, artistas de eso que se ha dado en llamar “Generación de los 80”, que es la mía, y ahí seguimos, huérfanos de un museo de arte contemporáneo local que muestre sus obras permanentemente. Cuando lo de la movida y tal, andábamos todos entre los 20 y los 30. Manolo era de 1955. De la Rosa era su segundo apellido, que casi siempre olvidamos a las fundamentales madres al citar a las personas, y me trae su apellido aromas de músicas en el patio, Triana, que me parece muy bien lo de la Macarena, pero dejen que yo barra para casa y traiga a colación su Esperanza de Triana y su Cachorro. Alguien lo ha dicho antes que yo, carteles modernos sin que la ranciedad de guardia se rasgue las vestiduras, ya es merito en esta ciudad. Para terminar, déjenme que me quede con un ratito que echamos juntos en la Puerta Jerez, yo enfilaba para la calle San Gregorio, a algún sarao iría, y estaba Manolo sentado en un banco al atardecer de invierno, pegamos la hebra unos minutos, pausados, hablando de arte y de otras cosas que no me acuerdo. Allí lo dejé, con cierta mirada ensimismada, perdida en los arboles del Cristina, algo estaría fraguando.
Comentarios
Publicar un comentario