Selección española. La crónica malaje

Han ganado el Mundial, son los mejores del mundo. Me encanta el fútbol y ver a mi país ganar un mundial es una de las mejores sensaciones deportivas, la mejor, de mi vida. Además, hacen, y esto es un sabor agridulce, que me acuerde muchísimo de mi padre, al que le gustaba el fútbol mucho más que a mí y que no pudo disfrutar ni siquiera de la primera copa que ganamos en Sudáfrica.

Pero ya está bien, el que estos chavales sean unos fenómenos futbolísticos tampoco debe darles derecho a machacarnos con cancioncitas de grupito de amigos de botellona, de bailecitos tontos y de gracietas de patio de instituto. Además, veo en todo ello un trasfondo usado por los políticos para hacer propaganda, para distraer al personal de otros asuntos y para que quede que el Mundial se ganó bajo su mandato. La visita rápida y veloz para la foto, con la familia real, con Pedro Sánchez en la Moncloa, a este le ha venido de lujo, varios días que los temas judiciales pasan a un segundo plano eclipsados por la información deportiva, así se ha llevado Televisión Española con el Mundial y la selección (“la roja” para ellos) todo el santo día. 

Pedro Sánchez porque usa trajes que parecen de Simago, pero ver al rey, con sus impecables ternos junto a los lamentables trajes de los jugadores, daba cosita. Me parece fantástico que se use a la selección para promocionar la moda española pero los trajes que llevaban el día de la fiesta en Madrid parecían que se los habían tirado desde la azotea, a todos les quedaban como grandes, con esas mangas de puños horrorosos, y mira que Loewe es una marca de estilo exquisito y seña de identidad de la elegancia nacional, pero creo que esta vez no han acertado, y no será porque las perchas, en general, no todos, no eran buenas.

Volvamos a los festejos, eso que se ha dado en llamar la rúa, o sea, el paseo en autocar sin techo para darse un baño de masas me parece bien, lo que no me parece tan bien es la actitud pachanguera y macarra de algunos encima del autobús, desnudos por arriba incluso. Podrían ir perfectamente vestidos y saludando, porque los aficionados quieren verlos y que los saluden, no que vayan en su guateque particular pasando de todo. El colmo es el show en el escenario. Se puede ser una estrella del balompié sin tener que caer en el ridículo mediático, como un cuñado en una boda con cuatro copas de más. Y no voy a entrar en individualidades, pero algunos de los protagonistas más cantarines me sobran en la selección, no por sus dotes artísticas, sino porque considero que no están a la altura deportiva de esta selección. Y sí, me refiero a un Borja Iglesias o a un Gavi, y que me perdonen mis amigos de Los Palacios.

Acabo, que es una pasada ganar un Mundial de Fútbol, que tenemos una gran generación de futbolistas (a ver si Florentino se entera y deja de fichar tantos extranjeros) Pero ya vale, vamos al lío y los chavales a descansar y prepararse, tras unas merecidas vacaciones, para la Liga, que es lo que más les importa a los aficionados habituales. Lástima que la Liga separe, pero ahí está la selección para, como ha dicho alguien, recordarnos que juntos somos mejores, y de camino que rabien los que no quieren a su país.

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