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A Ucrania en el Día Mundial de la Poesía   Aún hay nieve en las estepas. Y aquí ya es primavera. Los charcos de sangre puntean el suelo helado. Y aquí ya es primavera. El cemento gris de los edificios agujereados. Y aquí ya es primavera. Los hierros desnudos, retorcidos. Y aquí ya es primavera. La estela naranja y negra de los misiles. Y aquí ya es primavera. Los cuerpos temblando de frío en refugios húmedos. Y aquí ya es primavera. Una bombilla amarillenta parpadeando en el pasillo desconchado. Y aquí ya es primavera. Una mano que cae inerte entre la camilla y una manta a cuadros sucia. Y aquí ya es primavera. No hay flores entre los arboles devastados del bosque. Y aquí ya es primavera. La huella de la cadena de un tanque en el camino de lodo y tierra; los casquillos aún tibios de las balas de fusil; una Zeta blanca sobre la chapa oscura; el grito azul de un pueblo. Y aquí ya es primavera. J. C. 

El hilo rojo

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  Acaban de dar las doce, pero el reloj de la torre de la iglesia cercana no ha dicho nada, se ve que el civismo y la moderación que nos invaden, calla las campanas a una hora prudente para el descanso de los vecinos. Aunque nadie calle el escape libre de la moto que pasa, ni las risotadas de los del bar de la esquina, ni el sonido de máquina infernal del camión de la basura, ni apague las amarillentas luces de los focos que nos contaminan el cielo perdido. Han pasado las doce, hoy hace 6 años que era 6 de Febrero de 2016. 666, el número de las flores del mal, de ese diablo vestido de niña grande que se pasea sabe Dios por donde, con su melenita rubia bamboleándose de un lado a otro, con sus zapatillas de deporte, viejas y carísimas, que ya no sirven para el deporte, nunca lo fueron, nunca lo son ahora. Las zapatillas de deporte han tomado al asalto las zapaterías, han invadido las calles, y las fotos de las instagramers , con sus faldas vaporosas y sus zapatillas de deporte. C...

Carmen Laffón, la suave transición de la pintura

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“Nuestras vidas son los ríos que van a dar en el mar, que es el morir”… Así va el Guadalquivir a su glorioso encuentro, desde Sevilla a Sanlúcar de Barrameda, entre la línea verde de Doñana y la franja de arenas finas de la playa sanluqueña. Allí le acoge con sus brazos abiertos el Atlántico. Así, entre Sevilla y Sanlúcar se nos ha ido dulcemente, Carmen Laffón. La pintura de esta sevillana podría servirnos de eslabón necesario para comprender la destilación de la pintura pura. El caminar de la figuración concreta a la pureza abstracta. Fijándonos en sus obras, entendemos la lírica cromática de un Zobel o la desnudez limpia en las geometrías coloristas de un Manolo Salinas y, ahora, en afortunada nueva generación, de su sobrina Inés. El Museo de Bellas Artes de Sevilla, tuvo el acierto de organizar una exposición con obras de Carmen Laffón entre octubre de 2020 y febrero de 2021. Y yo tuve la fortuna de recorrerla. Pinturas, y también esculturas, recogidas bajo el título de “El est...

De vuelta al barrio

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El sol incide con la tibieza de Noviembre sobre las azoteas blancas de cal. Rumores de barrio recuperado. Una antigua claridad que me rejuvenece los recuerdos. Cuarenta y seis años después. Las señoras de boquitas pintadas, de ojos perfilados, de cabezas con permanentes, carrito o bolsas en mano, se han desplazado más al oeste, a las nuevas barriadas. Y digo nuevas siendo de los sesenta y setenta del pasado siglo, o de antes. Ahora, esta parte milenaria, está atosigada de turistas y curiosos. La ancha calle peatonalizada, colonizada de veladores de la hostelería, olor proustiano a calamares fritos y pollos asados. Ni gitanos ni civiles hay ya en las cavas. Pisos caros sí, muchos, y en Castilla y en Alfarería y en Betis… esa gente que apenas se ve, que parece que no vive donde vive. Tal vez se pasen el día en un despacho, en una oficina, en su BMW con las ventanillas subidas y el aire acondicionado puesto, con su playlist sonando. Mientras tanto caminan por las calles guiris en ch...

Silvio en Costa Delicias

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Así creo que se llamaba, finales de los ochenta o principios de los noventa del pasado siglo, la serie de chiringuitos que se montaron en el Muelle de las Delicias, ribera del Guadalquivir. Dos cosas me han quedado muy nítidas de aquellas tantas noches de farra por aquellos antros: Una la tertulia, es un decir, que mi amigo Tito y yo, tuvimos con Silvio. Otra la minifalda color melocotón que eran como un acento circunflejo sobre las largas y preciosas piernas de Reyes. Lo de Reyes no lo voy a contar aquí. Lo de Silvio tampoco tiene mucho que contar, si no es nada menos que el haber echado unas copas y unos cigarrillos con el mítico roquero sevillano. Hablar hablamos poca cosa, creo yo. El hombre, pitillo siempre entre los dedos, le daba al coñac, nosotros, una vez superada nuestra época de Larios/Rives con cola, creo que ya nos habíamos pasado al ron. Noches de primavera verano, no la recuerdo cálida, bueno, supongo que tampoco acabamos para recordar muchas cosas. Tuvimos un segund...

Aquilino, tras de ti el otoño

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Esa tarde de domingo, de calor e iglesia blanca del Aljarafe, parece que te llevaste el verano contigo. Hoy, tres días después, que es lo que hay que esperar para respetar el tránsito del alma, una brisa fresca en la mañana da la bienvenida a este otoño ya sin tu presencia. Me dejas algo más huérfano, Aquilino. Siempre que acudimos a ti respondiste. Nunca te dio pereza colaborar en un acto cultural, dar una charla, presentar un libro o, simplemente, y era quizás, si no lo mejor, si lo más entrañable, compartir una cena de amigos. Fueron algunas veces las que, después de alguno de estos eventos, te devolví en mi coche a tu paz de Viña Marina, ese remanso de quietud en un recodo del camino en el campo, cercano a Sevilla, donde te entrevisté por primera vez. Me impactó, junto al edificio principal de la vivienda, la biblioteca donde nos sentamos a charlar. Donde has estado escribiendo hasta el final. Libros hasta arriba forrando las cuatro paredes, sillones, mesas de trabajo. Fuera, e...

Dibujos taurinos de Carlos Sáenz de Tejada

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Entrar en el mundo de una bodega del Marco de Jerez es adentrarse en un trozo muy importante de la historia y la cultura de nuestra región. Una secuencia de atractivas sensaciones inundan nuestros sentidos nada más pasar el umbral de cualquiera de las viejas bodegas de Jerez, El Puerto de Santa María o Sanlúcar de Barrameda, un frescor y una luz diferente a la luminosidad de la calle, un inconfundible aroma a bodega, esa mezcla de olor de viejas duelas de roble, de vinos añejándose en las andanas que reposan en la quietud y la penumbra bajo las altas arcadas de las naves, nos hablan de antiguas tradiciones artesanales que convierten el zumo de las uvas claras procedentes de las tierras albarizas, en los mejores vinos del mundo. Una de esas bodegas, la más antigua del Marco y una de las empresas familiares más antiguas de España, es Delgado Zuleta, de Sanlúcar de Barrameda, fundada en 1744, aunque existen documentos de su actividad de 1719, adoptando su actual nombre en el siglo XIX, de...