Una mañana con Telmo Rodríguez
La revolución gastronómica española en el cambio de siglo,
no han sido solo los grandes cocineros renovadores como Arzak, Martín Berasategui
o Ferran Adrià, también viticultores
como Miguel Ángel de Gregorio, Benjamín Romeo, Álvaro Palacios o el mismo Telmo
Rodríguez. Sin los primeros no se entenderían figuras actuales como David Muñoz y sin los segundos a
viticultores de moda ahora mismo como Raúl
Pérez.
Telmo es radical y muy subjetivo en sus apreciaciones sobre el vino. Lo tiene cristalino. Habla de su tierra, Rioja, y lo primero que tiene claro es que las divisiones administrativas no son las importantes. Nos suelta a bocajarro: “En los ochenta quizás fue el peor momento de Rioja, muy aburrido”. Se refiere principalmente a los vinos de grandes producciones, a esos crianzas de Rioja hechos para gustar al gran público, comerciales, donde la madera está muy presente.
Habla muy bien de España y el potencial de sus vinos, “el
país con más biodiversidad de Europa. Solo Galicia tiene más biodiversidad que
toda Francia”. Pero reconoce que hay cierto complejo frente a los vinos de
otros países, los borgoñas, los burdeos, los grandes barolos, y reprocha a
prescriptores nacionales que no apuesten más por lo nuestro.
Nos cuenta como comenzó su proyecto de la Compañía de Vinos Telmo Rodríguez hace 30 años, lo que compagina con su labor
en Remelluri, la bodega familiar. En
la cata probamos ocho vinos de diversas zonas donde Telmo elabora vinos, según
su filosofía: parcelas de gran calidad, producciones medidas, castas autóctonas,
respeto ecológico, biodinámica. Y el primero que probamos es un blanco de
Rueda, un triunfador en los mercados, Basa
2024. Después un verdejo 100% de más entidad, El Transistor 2024, una reacción a la vulgarización que suponen los
ruedas baratos que campan actualmente por nuestra hostelería. Ambos de los
viñedos de la zona de La Seca, donde los suelos, con base caliza, son arenosos
y con cantos rodados. El tercer blanco de la cata es un vino peculiar, como
peculiar son su botella y su etiqueta, algo buscado. Un moscatel de la Axarquía malagueña (Competa) vinificado en seco,
Mountain Blanco 2023.
De su proyecto en la D.
O. Toro probamos Pago La Jara 2021,
un gran año. Frutal y fresco a la vez que denso, con cremosidad y taninos
vivos. Tinta de Toro procedente de
suelos arenosos donde no prospera la filoxera, por lo tanto, cepas no
injertadas.
Por último, para cerrar esta interesantísima cata, Matallana 2016 de la D. O. Ribera del Duero.
Unas 72.000 botellas para un vino de intensidad aromática, con cuerpo y
potencia, resultado de 25 años de trabajo en 20 hectáreas, con variedades
propias de la zona y donde la crianza en calados subterráneos es muy
importante. A media que el vino se va desperezando en la copa, va ganando
expresividad y tipicidad ribereña.




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