Un buen descubrimiento en Chipiona, Casa Miranda
Su nombre hace honor a quien vivió en el edificio y fue
alcalde de Chipiona entre los años 1945 y 1948, José María Miranda Nieto. Casa
Miranda, en la calle Larga, muy cerca de la céntrica Isaac Peral, a la
altura de la Peña Bética, no ha cumplido todavía un año, lo hará en Junio, pero
me parece que es ya uno de los bares de tapas más atractivos del costero pueblo
gaditano.
Un llamativo barreño metálico mantiene a buena temperatura botellas de vino, entre ellos buenas representaciones de los de la tierra, como el Muelle de Olaso de la jerezana Bodegas Luis Pérez que acompañó nuestra comida. El buen hacer del servicio es otra ventaja añadida de Casa Miranda, el que lo lleva sabe muy bien lo que hace, acompañado de gente diligente, atenta y de magníficas maneras. A veces el destino, y el buen olfato de perro viejo en esto de los bares, te conducen a pequeños paraísos como Casa Miranda, donde hay que señalar su ticket medio final, muy equilibrado teniendo en cuenta la calidad del producto, que no es poca cosa en los tiempos que corren.
Hacía tiempo que no iba a Chipiona. Buen tiempo, poca gente,
los sevillanos aún estaban en la Feria. Cosas distintas: la vieja estación de
los Amarillos es ahora un solar, donde estaba el cine de verano hay un feo
edificio. Y cosas que no cambian, como la imponente figura del faro, eso sí, a
sus pies ya no está la discoteca Mohama. Qué relajante caminar por el cuidado
paseo marítimo, viendo el agua sobre los corrales, sobre esas piedras donde
algunos sueñan con Tartessos o la Atlántida incluso, llegar a la Cruz del Mar y
tomar la primera cerveza mirando el Atlántico.
Un llamativo barreño metálico mantiene a buena temperatura botellas de vino, entre ellos buenas representaciones de los de la tierra, como el Muelle de Olaso de la jerezana Bodegas Luis Pérez que acompañó nuestra comida. El buen hacer del servicio es otra ventaja añadida de Casa Miranda, el que lo lleva sabe muy bien lo que hace, acompañado de gente diligente, atenta y de magníficas maneras. A veces el destino, y el buen olfato de perro viejo en esto de los bares, te conducen a pequeños paraísos como Casa Miranda, donde hay que señalar su ticket medio final, muy equilibrado teniendo en cuenta la calidad del producto, que no es poca cosa en los tiempos que corren.





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