Entradas

Solo en el patio

Imagen
  Allí estabas cuando fui a recogerte, solo en el patio. Una llamada temprana del colegio me sobresaltó. Me vestí lo más rápido que pude y salí a buscarte – su hijo está muy mal, conviene que lo recoja y llame a Salud Responde – Como para no alarmarse. Estabas tranquilo con tu mochila, con el chándal del uniforme. La cara, eso sí, bastante pálida, te habían pasado un termómetro por la frente, normal, 36’5º. Te dolían los brazos y las piernas y el estómago. Otro estirón seguramente. Mientras caminábamos juntos de vuelta a casa me preguntaba por qué, en un estado tan calamitoso de pandemia, con una de las ratios de contagiados peores de Europa, no había en cada colegio al menos un Asistente Técnico Sanitario en un botiquín, que pudiese hacer un PCR sobre la marcha. O al menos una patrulla volante que pudiese acudir a los colegios que avisaran de incidencias. Nada. Ahí tiene usted a su hijo, apáñeselas. Te dejé en tu habitación en la cama descansando, luego, después de avisar al...

Christo V. Javacheff. Envolviendo al mundo

Imagen
Escultura de Vitorio Emanuele envuelta Nuestro paso por la vida es rápido y efímero. El arte del búlgaro Christo, se conocía simplemente por su nombre de pila, también estaba destinado, al menos sus grandes obras mediáticas, a perdurar tan solo en la memoria y en las imágenes gráficas. Christo Vladimirov Javacheff saltó en 1956 el Telón de Acero ante el empuje de los tanques soviéticos en la vecina Hungría, buscando aires de libertad, lo que le hizo recalar primero en París y, al fin en Nueva York, trayectoria seguida por tantos creadores de la segunda mitad del siglo XX. Antes de sucumbir a la seducción murillesca del Barroco sevillano, el profesor Enrique Valdivieso era un aire fresco en el apolillado ambiente del Departamento de Arte de la Facultad de Historia de la Universidad de Sevilla, ya en los años ochenta del pasado siglo ponía en sus clases de Arte Contemporáneo, aparte de intentar escandalizar a las niñas pijas del curso con sus diapositivas de monjas pin up del p...

La pintura no es mediática

Imagen
Juan Genovés Solo cuando un cuadro rompe un record de precio en una subasta o cuando se recuerda por millonésima vez el Guernica de Picasso con cualquier excusa, la pintura contemporánea sale en los medios de comunicación generalistas. Mucha hostelería pero la Cultura así, con mayúsculas, es marginal, y no solo la pintura, incluso el cine, no digamos el teatro o las salas de conciertos. Lamentablemente hemos tenido noticias de dos fallecimientos de pintores en los últimos días. A mediados de Mayo ha muerto Juan Genovés (Valencia, 1930), un tanto eclipsado por una de sus obras, concretamente el cuadro “El abrazo” (1976), convertido en uno de los símbolos visuales de la Transición, no es poca cosa. Formado en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, formó parte de varios colectivos artísticos, una manera habitual de agruparse los artistas e intelectuales en la segunda mitad del siglo XX, Los Siete (1949), Grupo Parpallós (1956) y Hondo (1960). Xavier Grau El otro pintor fal...

La zurda de caoba

Imagen
Amanece la primavera sevillana con la noticia de la muerte de Rogelio Sosa. Ese jugador elegante y calmado “la que tiene que correr es la pelota” al que vi en el viejo Villamarín de mi infancia, meter más de un gol directo desde el córner. Yo ya lo cogí cuando era el recurso de los últimos minutos, cuando hacía falta un revulsivo para empatar o cuando, en un partido de resultado holgado, se quería deleitar a la parroquia con su forma torera de jugar al fútbol. Porque Sosa, Rogelio, entra en los mitos curristas de un Betis muy currista, jugador de destellos de genialidad y detalles de clase, no hacía falta más para ser un mito entre los sufridores de la Palmera. Años de subir y bajar de Segunda, años de barro en el campo con las aguas de invierno, de partidos épicos contra un Bilbao con Iribar o un Real Madrid con Gento y Amancio en las bandas, o partidos de brega contra un Elche, un San Andrés o un Pontevedra. Cuando el Villamarín era un campo de cal y cemento, de tribunas de...

Vuelo nocturno

Imagen
Nadie en el 29 A, ventanilla, ningún ojo desde ese asiento vacante mirando la noche cerrada. Nadie llega a un aeropuerto vacío, donde nadie ha ido a esperar a nadie. No está la sonrisa que de pronto ilumina la llegada del otro, porque el otro no ha llegado. Un sitio vacío en el parking, un rectángulo negro de asfalto donde pesa la ausencia del vehículo a él destinado que no vino, solo un charco empapa la soledad amarillenta iluminada por una farola mustia. Desde la indignidad del sofá envejecido mirar de reojo el reloj que apenas mueve sus manecillas, en un lento e inexorable camino al vacío mortal de la no partida. Tras las cristaleras de terraza de barrio, los salones iluminados donde brilla el artificial fulgor de las aburridas televisiones que insisten en vulgarizar al país. La pequeña lucecita móvil se acerca desde el horizonte, otro avión, uno más que recuerda el desistimiento del viaje, el cobarde arrellanarse en los flácidos cojines azules de la indolencia, de la barbar...

Lejos del Otoño

Imagen
Como la Baja California, tus piernas peninsulares, se extienden, dunas canelas, a lo largo de la orilla, el azul, deslumbrador y cambiante, viene y va mojando las puntas de nácar de tus dedos, sobre el verdoso reflejo que sube y baja, espejo ajado, los puntos blancos y cambiantes de las barcas. Cierras los ojos al sol y no sé qué sueñas, tu respiración leve da pálpito a pechos breves y firmes, como movidos por un magma interno, latente de pasiones adormecidas a la brisa de poniente. Tu vientre firme, se ondula suavemente a la caricia imaginada de mis manos, te apartas un mechón negro que el viento puso en tu cara, y mis ojos siguen el movimiento, ágil y delicado de tus dedos que parecen anémonas submarinas movidas por la marea, largas cintas verdes mecidas por las corrientes entre las que juguetean pececillos mudos de colores. Te recuerdo en otoño, cuando tu cuello se refugiaba en la cálida piel de tu abrigo, cuando tus ojos, huyendo del ...

Venías de paso

Imagen
Venías de paso , no estaba prevista la permanencia. Te quedaste, y no dije nada, no podría decirlo, me dejaste sin habla. A lo nuevo y placentero no se le ponen peros, ni al alba ni al ocaso, aunque no sepa muy bien si el amanecer promete o si el atardecer es una pequeña y bella muerte. ¿Qué más daba? Si era el final de mi carrera de lo que en la vida me esperaba, no hay mejor final, si es un principio, que lo es, no me importa el tiempo, porque el tiempo es más corto o más largo según lo llenes de vida. La rutina es interminable, como un camino de tierra al sol de agosto, en cambio, la aventura de descubrir tu cuerpo, de descubrir cada recodo de tu ser interior, es un vértigo, una vorágine futurista y animal, siempre dinámica. Las tiernas horas de la noche en el blanco reposo de tu cama, los rayos cruzando el cielo rojo y negro sobre la falda del monte, tormenta desde tu ventana y tu almohada. Las pisadas almohadilladas de tu gato blanco y negro, ...