Bar Los Vázquez se va sin hacer ruido

Nadie ha entonado una elegía tabernaria por este bar que iba camino del medio siglo en una esquina de la calle Torneo. En un edificio de Aníbal González era un sitio de esos a los que “hay que ir”, frase que en una segunda acepción de expresión muy sevillana, no significa que es necesario conocerlo, que también, sino que para llegar a ese sitio determinado hay que dirigirse allí expresamente, sin que pille de paso para otro lugar, cosas del habla sevillana, tan peculiar y propia, que no necesita de gurús del ceceo o el seseo para dar lecciones de un impostado andalucismo.

Por suerte o por desgracia para el Bar Los Vázquez, no hubo ningún tiktokero o tiktokera que hiciese uno de esos videos “divertidos” llenos de tópicos, frases toscas y masticaciones con la boca abierta (como diría el maestro Manosalbas) diciendo tópicos y lugares comunes del degradado mundo gastronómico actual, con limitadísimo vocabulario. Eso que salíamos ganando los que aterrizábamos por tan castiza esquina de vez en cuando. Tenía terraza en la amplia acera de Torneo, aunque uno es más de barra interior que de mesa a la intemperie. Visitaré el nuevo local porque aquello sigue siendo bar, ahora se llama Paquito Puchero, y ya me congratulo de dos cosas: que usen la letra q en vez de la insoportable k y que anuncien en el nombre lo del puchero, a ver si es verdad que cultivan los chups chups (Pepe Arenzana dixit) caseros, demos gracias. Solo he visto la foto del amigo Monforte en sus, como siempre, profesionales reseñas de novedades en sus Cosas de Comé. Parece que los azulejos de la vieja taberna han sido respetados, son de Mensaque por cierto, aunque le han dado una manita de rojo a la entrada que parece más bien una vieja casa de comidas madrileña, pero bueno, concedámosles el beneficio de la duda hasta la próxima visita. 

El viejo Bar Los Vázquez no es que tuviese mucho glamour, desde luego, aunque tenía ese sabor de bar antiguo entre la tradición y la renovación del acero inoxidable de los sesenta del pasado siglo. Recuerdo estimables caracoles en temporada y cerveza de grifo tirada con buena mano. En su carta no faltaba la pertinaz ensaladilla y las papas aliñás con melva, además de una amplia retahíla de montaditos y cosas de plancha gorda, así como el plato de gambas al puñao. En fin, todo pasa y todo queda, que decía el poeta nacido en la calle Dueñas. Nos quedamos con el recuerdo de otra taberna que se va y que, como ha pasado con varias en los últimos tiempos de la ciudad, cierra y abre con nueva cara. Bienvenido sean los pucheros de Paquito, allá iremos.

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