José Manuel Vizcarra muestra sus vinos en Sevilla
Hasta ocho vinos de la bodega hemos catado en una de las salas
de Delatierra, su distribuidor en Sevilla. Tanto es el celo en la elaboración
de sus vinos que Vizcarra realiza catas periódicas de vinos que pasan por
diferentes tipos de roble de diversas procedencias, con ello quieren adoptar
para la bodega los que mejor se adecuen al estilo de vinos que buscan, los que
respeten al mismo vino y su fruta. Mayoritariamente barricas procedentes de
tonelerías francesas, pero también un porcentaje (15%) de americanas y también
españolas. La Tinto Fino procedentes de clones de la misma Ribera del Duero,
es la variedad principal empleada en los vinos de la bodega.
Abrimos la cata con el Rosado 2022. Elaborado con
Tinto Fino y Garnacha, permanece 8 meses en barricas de 500 litros. Su breve
maceración busca un color muy pálido, en la línea de los rosados de la costa mediterránea
francesa. Producto del sangrado de la lágrima, nos ofrece suaves notas de fruta
roja con un fino subrayado de la madera. Fácil en boca, un tanto ácido y
salino, amable y con una punta vertical que desarrollarán todos los tintos de
la casa.
Vizacarra 15 MS 2022 es un tinto de más entidad. 100%
Tinto Fino con una crianza de 15 meses que le dotan de mayor complejidad, donde
a la fruta un tanto licorosa, se le juntan recuerdos campestres suavizados por
la madera. Sin embargo, en la boca es ligero y tánico, con acidez y más
vertical de lo que auguraba la nariz, un rasgo este último que se repetirá en
los siguientes tintos, quizás por algo clave que mencionó José Manuel Vizcarra:
huir de las cremosidades avainilladas de algunos vinos clásicos y uso de parte
de los raspones en la fermentación para reforzar las sensaciones frutales. En
fin, cada uno tiene sus gustos.
Los tres siguientes tintos fueron los parcelarios de la bodega. En primer lugar, Torralvo 2022. Un 100 % Tinto Fino de bonito y brillante color guinda madura, que fermenta en tanques de hormigón y madura 18 meses en barricas francesas y un 10% americanas, a lo que se le añade un redondeo de 2 ó 3 meses más en fudres de 2.000 litros. Un vino que en boca se muestra amplio y elegante.
Inés 2022 se elabora con las uvas de una parcela de
suelos limosos y arcilloso-calcáreos. En este caso un coupage de uvas de
Tinto Fino y Merlot. Más oscuro, se aprecia su densidad al
servirlo en la copa. Todo el proceso de este vino se hace en barricas de 400
litros tras la previa fermentación en hormigón. Fruta roja y negra madura,
sutiles tostados. Tánico en boca y un fondo un tanto alcohólico, aunque con
buenos mimbres para crecer, es opulento y elegante.
Celia 2022 se muestra más floral que el anterior.
Uvas de Tinto Fino y Garnacha procedentes de una finca única que
tiene los tres tipos de suelos: limas, arcilloso-calcáreo y gravas. Color
ciruela de bordes rojizos. Cierta mineralidad y leves balsámicos. Con cuerpo,
largo y elegante. También pide meses en botella para redondearse.
Para terminar la cata dos originalidades. En primer lugar,
el blanco Alejandra 2023. Un 100% Albillo Mayor de viñedos viejos,
de muy corta producción. Fermenta en huevos de hormigón y barricas de 500
litros, con un año de crianza en total. Pálido color amarillo dorado brillante.
Frescura en nariz con notas cremosas de madera, se busca el estilo borgoñón. Muy
buena acidez, con toques cítricos, pomelo, flor blanca y un atisbo de fina
bollería.
Para terminar una originalidad, el tinto Garnacha 2023
(V. T. Castilla León) elaborado con uvas procedentes de un viñedo con 25 años. Rojo
de capa baja. En nariz fruta fresca, incluso con una chispa carbónica (Se
encuba con un entre 15% y 20% de uva entera) me recordó a los caramelos de Coca
Cola, notas herbáceas aromáticas. Fluido y alegre, ligero en boca, frutal y un
punto amargo al final.




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