José Manuel Vizcarra muestra sus vinos en Sevilla

Una cita más en Delatierra para escuchar a quién más sabe de vinos, él que los hace, y probar las elaboraciones de una bodega de calidad, Vizcarra. Ubicada en la localidad burgalesa de la Ribera del Duero de Mambrilla de Castrejón, Vizcarra nació como bodega familiar en un garaje, era 1991 y José Manuel Vizcarra quería embotellar su propio vino con las uvas provenientes de las viejas parcelas de la zona, algunas de ellas plantadas por su padre y su abuelo. Vinos de pueblo que se elaboran desde el respeto al producto de las uvas y de la tierra donde crecen sus cepas. Vinos que llevarán en breve el certificado de cultivo ecológico. Vizcarra dio el salto hace 15 años desde el garaje que José Manuel adaptó para elaborar sus vinos a configurar un chateau familiar a base de pequeñas parcelas, hasta sus 36 hectáreas actuales. En Vizcarra han ido perfeccionando la viticultura, mirando hacia atrás para recuperar formas artesanas, los viñedos en vaso, abonos naturales, un trabajo cuidado y respetuoso en definitiva. Celia Vizcarra, hija de José Manuel, se ha incorporado al equipo técnico de la bodega tras completar sus estudios de enología y pasar por prestigiosas bodegas internacionales.

Hasta ocho vinos de la bodega hemos catado en una de las salas de Delatierra, su distribuidor en Sevilla. Tanto es el celo en la elaboración de sus vinos que Vizcarra realiza catas periódicas de vinos que pasan por diferentes tipos de roble de diversas procedencias, con ello quieren adoptar para la bodega los que mejor se adecuen al estilo de vinos que buscan, los que respeten al mismo vino y su fruta. Mayoritariamente barricas procedentes de tonelerías francesas, pero también un porcentaje (15%) de americanas y también españolas. La Tinto Fino procedentes de clones de la misma Ribera del Duero, es la variedad principal empleada en los vinos de la bodega.

Abrimos la cata con el Rosado 2022. Elaborado con Tinto Fino y Garnacha, permanece 8 meses en barricas de 500 litros. Su breve maceración busca un color muy pálido, en la línea de los rosados de la costa mediterránea francesa. Producto del sangrado de la lágrima, nos ofrece suaves notas de fruta roja con un fino subrayado de la madera. Fácil en boca, un tanto ácido y salino, amable y con una punta vertical que desarrollarán todos los tintos de la casa.

Y precisamente entramos en los tintos con Senda de Oro 2024, un 100% Tinto Fino que recibe una crianza en roble francés y americano, de entre 6 y 11 meses. La corta maceración con los hollejos, entre 10 y 12 días, proporciona un brillante color granate de bordes rojizos. Una nariz muy limpia donde la fruta madura se funde perfectamente con los tostados de la barrica, el trago corrobora esta impresión, ya que en boca es muy frutal y un punto cremoso.

Vizacarra 15 MS 2022 es un tinto de más entidad. 100% Tinto Fino con una crianza de 15 meses que le dotan de mayor complejidad, donde a la fruta un tanto licorosa, se le juntan recuerdos campestres suavizados por la madera. Sin embargo, en la boca es ligero y tánico, con acidez y más vertical de lo que auguraba la nariz, un rasgo este último que se repetirá en los siguientes tintos, quizás por algo clave que mencionó José Manuel Vizcarra: huir de las cremosidades avainilladas de algunos vinos clásicos y uso de parte de los raspones en la fermentación para reforzar las sensaciones frutales. En fin, cada uno tiene sus gustos.

Los tres siguientes tintos fueron los parcelarios de la bodega. En primer lugar, Torralvo 2022. Un 100 % Tinto Fino de bonito y brillante color guinda madura, que fermenta en tanques de hormigón y madura 18 meses en barricas francesas y un 10% americanas, a lo que se le añade un redondeo de 2 ó 3 meses más en fudres de 2.000 litros. Un vino que en boca se muestra amplio y elegante. 

Inés 2022 se elabora con las uvas de una parcela de suelos limosos y arcilloso-calcáreos. En este caso un coupage de uvas de Tinto Fino y Merlot. Más oscuro, se aprecia su densidad al servirlo en la copa. Todo el proceso de este vino se hace en barricas de 400 litros tras la previa fermentación en hormigón. Fruta roja y negra madura, sutiles tostados. Tánico en boca y un fondo un tanto alcohólico, aunque con buenos mimbres para crecer, es opulento y elegante.

Celia 2022 se muestra más floral que el anterior. Uvas de Tinto Fino y Garnacha procedentes de una finca única que tiene los tres tipos de suelos: limas, arcilloso-calcáreo y gravas. Color ciruela de bordes rojizos. Cierta mineralidad y leves balsámicos. Con cuerpo, largo y elegante. También pide meses en botella para redondearse.

Para terminar la cata dos originalidades. En primer lugar, el blanco Alejandra 2023. Un 100% Albillo Mayor de viñedos viejos, de muy corta producción. Fermenta en huevos de hormigón y barricas de 500 litros, con un año de crianza en total. Pálido color amarillo dorado brillante. Frescura en nariz con notas cremosas de madera, se busca el estilo borgoñón. Muy buena acidez, con toques cítricos, pomelo, flor blanca y un atisbo de fina bollería.

Para terminar una originalidad, el tinto Garnacha 2023 (V. T. Castilla León) elaborado con uvas procedentes de un viñedo con 25 años. Rojo de capa baja. En nariz fruta fresca, incluso con una chispa carbónica (Se encuba con un entre 15% y 20% de uva entera) me recordó a los caramelos de Coca Cola, notas herbáceas aromáticas. Fluido y alegre, ligero en boca, frutal y un punto amargo al final.

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