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| Bar Coronado Foto: Manolo Manosalbas |
Hoy, 7 de agosto, es el
Día Internacional de la Cerveza.
Los que tenéis la deferencia de seguir mis artículos y actividades
profesionales desde hace tiempo, sabéis que soy hombre del mundo del vino,
pero, sevillano al fin y al cabo, la cultura cervecera es algo intrínseco a la
vida de calle habitual en nuestra meridional ciudad. Y, a qué negarlo, nuestra
cultura cervecera local va unida a una marca emblemática nacida a principios
del siglo XX,
La Cruz del Campo, hoy simplificada como
Cruzcampo.
Consumo cervecero indisoluble a nuestra manera tradicional de socializar en los
bares, de pie, en la barra, conversando en grupo y peregrinando de un local a
otro. Costumbres que se están perdiendo y que los nuevos hosteleros se empeñan
en sabotear desde, principalmente, la pandemia de COVID. Pero dejemos las cosas
conflictivas para otro día, hoy se trata de celebrar ese líquido rubio y
refrescante que baja por nuestra garganta explotando en nuestro interior y expandiéndose
por todo el cuerpo como un soplo de aire polar. Esto, claro está, cuando la
cerveza está como debe de estar.
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| Antigua Casa Baturones |
Afortunadamente en Sevilla abundan los sitios donde la
cerveza de grifo se sirve muy fría y bien tirada. Cada uno tendrá su ruta y sus
sitios predilectos, yo mismo he probado últimamente algunas cañas memorables en
nuevas cervecerías, pero enumerarlas todas es tarea complicada y requiere un
ejercicio de memoria para el que ya no estoy tan capacitado. No obstante, existen
esos lugares reconocidos por todos, donde la cerveza es protagonista casi
exclusiva, y sin casi, donde el devoto de la Cruz (perdonen la broma religiosa
los más piadosos) peregrinamos con gusto, siempre en compañía de otros. Permitidme
aquí una acotación al margen: Que gran placer me da montar la Ruta del
Altramuz para grupitos de amigos, que bien se pasa y que buenas tabernas se
visitan, ahí lo dejo. Recordemos esos sagrados recintos cerveceros donde
tenemos algún que otro bar centenario: El Tremendo, El Vizcaino, Chamorro,
Bar Jota, Casa Julián, Coronado o La Mina. Sé que hay más, pero por historia
y tradición, mentemos estos como testigos de aquel pasado dorado coronado de
espuma, cuando con mil pesetas echabas el fin de semana.

Hablando de ese pasado, también cada cual tendrá en su
memoria bares y tabernas de grandes cañas y tanques, nuestros formatos
tradicionales por mucho que se empeñe el departamento de publicidad de la fábrica.
Los míos, además de los citados anteriormente felizmente abiertos aún, los
tengo más o menos claros, no solo por su gran cerveza sino por las vivencias
inscritas en su memoria. Hablo del
Bar Tajo, en la calle del mismo
nombre de Heliópolis; del
Candilejo, también nombre de su calle, junto a
la Alfalfa; de
Casa Rufino, en la calle Pinta en El Fontanal, que te
ponía patatas fritas caseras de cortesía. La cerveza del viejo
Tremendo de
Joaquín, en la calle Previsión, junto a Pío XII, hoy heredada por su antiguo
empleado en su magnífico bar,
Pepito Cruz. La madre de todas las
cervecerías perdidas es el añorado
Baturones, “el santuario nunca se
rinde”, en aquella lomita elevada de la Ronda de Capuchinos.
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| La Boca de León |
Permitidme, terminando, el recuerdo para un bar que estaba
en el barrio que me acogió tras mi primer exilio de Triana, el Bar Filatélico,
en la esquina de Fray Isidoro de Sevilla con la Cruz Roja, que emigró a la
barriada San Carlos y que hoy, en cierta forma, subsiste allí con el nombre de Cervecería
Mediterráneo, que nos sirve para señalar una circunstancia curiosa, que no
sé si será algo sicológico del que bebe o real, a mí allí solo me gusta la
cerveza cuando está Manolo a pie de grifo ¿Depende la grandeza de una caña de
quién maneje vaso y grifo? Los cerveceros estamos convencido de ello. Hablando
de Triana, qué me dicen de los jarrillos de lata de La Boca de León y de
las cañas y jarras de La Grande (tanto en San Jacinto como en López de
Gomara) ¡Ah, las jarras! Esos barros blancos de La Dolores (se me cuela
Madrid y su Mahou en el artículo)
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| Tanque Bar Jota |
Un último apunte. No solo de cerveza de grifo vive el
hombre. Mi más cariñoso y evocador recuerdo para esas medianas a punto de nieve
del ambigú del cine Avenida de verano, selecta nevería.
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