Restaurante Eterno. Barrio de Santa Cruz
En una histórica casa que ahora ocupa el hotel de 4 estrellas HALO, se abrió a
primeros de Agosto el nuevo Eterno. Terraza en la mismísima Plaza de los Venerables y otra en la
azotea, para el copeo, con unas cautivadoras vistas de la catedral y la
Giralda. El interior es el patio de una casa sevillana, con su galería superior,
su montera resguardando de las inclemencias del tiempo y un comedor flanqueado
por columnas de mármol y los correspondientes arcos. Todo ello con una simpática
profusión de botijos/búcaros por doquier como elementos decorativos.
Cuando José Luis Pastrana trajo la segunda copa la cosa iba
entrando en ebullición, nada menos que un Great
Duke Palo Cortado 12 años de Bodegas Juan Piñero (Sanlúcar de Barrameda).
Hay que decir que la apuesta de Pastrana por los vinos de cercanías (Cádiz,
Huelva, Sevilla) va en paralelo a los productos de cocina y las recetas que,
desde su personalidad y adaptación a los nuevos tiempos, hace este magnífico
cocinero. En el plato un Cruasán relleno
de atún rojo de almadraba con crema de queso de cabra Payoya. He de decir
que si el primer bocado no me convenció mucho, quizás la densidad del cruasán y
la crema de queso opacaban el sabor del atún, el segundo, con la parte central
más etérea del cruasán y menos queso, me resultó mucho más gustosa. El maridaje
impecable.
Y lo mismo que Pastrana versiona un clásico del recetario
tapero de Sevilla, hace con esos guisos que todos tenemos en nuestra memoria
sensorial. Como el siguiente plato: Bollito
relleno de yema y guiso de tomate con gambas. Se presenta en dos platos, un
soporte para el bollito y el del guiso. Lo de las gambas no deja de ser una anécdota
que queda bien en las fotos, pero aquí lo importante es esa conjunción del
bollito abierto, dejando chorrear la yema de huevo y rebañando el tomate, sin
cubiertos por supuesto. En este caso el maridaje me pareció menos acertado.
Y si hablábamos de vinos originales quizás el más sorprendente del menú, tal vez porque no lo conocía, el tinto aragonés Microcósmico Frontonia Garnacha 2022 (IGP Valdejalón) Curiosos aromas a bizcocho de fresas y miel, muy fresco en boca, peculiar y atractivo. Sirvió para acompañar un Ravioli de pringá con yema de huevo y sopa de puchero. El ravioli se hace con pasta de papel de arroz, lo peor del plato (ese velo un tanto gomoso) pero que su bocado en conjunto me proporcionó un viaje a los pucheros de mi casa familiar, un sabor antiguo y casero.
El plato final, antes del postre, fue un correcto Lomo de venado macerado y salsa española (parecido
al guiso de tomate del bollito) Suculento y potente. Perfectamente acompañado
con una copa de Predicador (DOP
Rioja) uno de los buenos vinos de Benjamín Romeo.
No pudimos resistirnos a una relajada sobremesa probando un
gin tonic a base de la ginebra sevillana
Clandestina, elaborada con maceración de, entre otros botánicos, naranjas,
limones, pomelos e hierbabuena. Sevillanía en estado puro.
Restaurante Eterno.
Plaza de los Venerables
41004 SEVILLA
Tfno.: 633 58 33 65











Qué gusto leer una crítica que no va a “me lo pasé genial” y ya, sino que se moja en lo importante: ritmo, detalle y, sobre todo, el maridaje entendido como parte del relato (no como “vinos sueltos” acompañando platos). Se nota que aquí hay mirada de editor: atmósfera + arquitectura + servicio + secuencia gastronómica.
ResponderEliminarMe quedo con dos cosas muy aprovechables:
La coherencia de cercanía (vinos de Cádiz/Huelva/Sevilla + producto/receta reinterpretada) como idea-fuerza. Eso es branding puro, aunque el restaurante no lo diga así. Si lo contaran bien, no sería solo “menú degustación”, sería “Andalucía contemporánea por pases”.
Y el valor de lo que señalas sin dramatizar: cuando un bocado no termina de encajar (cruasán/queso/atún, o el velo gomoso del “ravioli”), no destruye la experiencia, la hace creíble. Ese tipo de matiz es el que genera confianza.
Precisamente por eso, este tipo de reseñas tienen una vida enorme en digital si se trabajan con intención: una pieza larga como esta puede convertirse en varios cortes (plato top, maridaje sorpresa, el “pero” honesto, la sobremesa) y mover gente a reservar sin caer en el postureo. Ahí es donde una buena gestión de redes sociales marca la diferencia: no para “repostear” el texto, sino para convertirlo en una narrativa por capítulos que mantenga el tono elegante y el detalle que ya tienes.