Rothko y el espíritu de la pintura
No sé si Francisco José habrá visitado alguna vez el Museo
Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid, allí podrá contemplar el que supongo
será el único Rothko en un museo público español. Se trata de la composición Sin
título (verde sobre morado) de 1961. Mi sensación ante la obra, allí al alcance
de mi mano, de uno de los cuadros, no precisamente de los que más me llaman la
atención del artista lamentablemente, fue, sin embargo, muy parecida a la de mi
amigo, supongo que debe de ser algo similar a cuando le presentan a un fan a su
artista o deportista estrella admirado, un encuentro por fin cara a cara. No es
la misma sensación que tuve desde luego, muchos años antes, contemplando en el
Prado por primera vez Las Meninas, sensación por cierto no superada por
ningún maestro italiano ni siquiera en Florencia y eso que allí pude contemplar
cuadros míticos vistos mil veces durante mis estudios de Historia del Arte.
Decía mi admirado y recordado pintor sevillano, Manolo
Salinas que su obra era la destilación, el espíritu de la pintura, o quizás
yo le sugiriera que era eso lo que sus cuadros de color, tan magistralmente
equilibrados, suponen. Coincidiendo un poco con Picasso, que decía, que la
pintura es quitar a las cosas todo lo que le sobra, o algo así. En definitiva,
estamos en esos místicos cuadros a base de cuadrados y rectángulos de colores
alineados y/o superpuestos de Rothko, en una suprema destilación de la esencia
de la pintura, quizás en la culminación de la novedad que el arte abstracto,
consecuencia de la descomposición (tómenlo en el sentido, bueno o malo, que les
parezca) del arte figurativo académico que rigió la pintura durante siglos.
Vanguardias que, ante la aparición de la fotografía y la intelectualización que
supusieron las filosofías, unidas a los movimientos artísticos, de primeros del
siglo XX, abrieron nuevos caminos a la creación artística, donde el valor de la
obra está tanto en la intención creadora del que la ejecuta, como en la
interiorización del que la mira.


Comentarios
Publicar un comentario